diumenge, 13 d’agost de 2017

Sobre el papel del olvido en la invención de las culturas nacionales


Comentario para Sergio Lorenzo, estudiante del Grado de Antropología Social en la Universitat de Barcelona.

SOBRE EL PAPEL DEL OLVIDO EN LA INVENCIÓN DE LAS CULTURAS NACIONALES
Manuel Delgado


Bien. Ya tenemos la manera como Nietzsche y Foucault muestran que la historia solo puede ser consecuencia de una manipulación interesada, determinada por los intereses de quien la esgrime como argumento legitimador para sus objetivos en orden a otorgar significado al presente y prefigurar el futuro. Recuerda lo que escribe Georges Orwell en 1984: «Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro». Eso es obvio en el caso de cualquier forma de establecimiento de un identidad étnica o nacional. Eso implica que debes tener presente los referentes teóricos más importantes que la antropología social ha generado o manejado desde sus propias premisas. Te adjunto algunos textos fundamentales –Barth, Gellner, Geertz, Llobera, Anderson…– y otros de cómo esa perspectiva se ha aplicado al caso catalán: Frigolé, Prat, Horta…

Ahí lo que tendrás es que los antropólogos compartimos una premisa según la cual lo que le permite a un grupo humano construir su sentido de la identidad compartida, es decir las diferentes variantes de la formación de los nosotros, es una triple manipulación. Por un lado, los ideólogos de la etnicidad hacen una selección de entre los materiales culturales disponibles en un momento dado, para elevar la calidad de emblemas de reconocimiento e identificación aquellos que pueden resultar más adecuados para sintetizar un determinado proyecto nacional. A esta elección se la carga de una significación y una emotividad especiales, susceptibles de provocar sentimientos básicos de adhesión, y que no sino esos mismos vínculos experimentados como inefables, vigorosos y obligatorios en sí mismos que las sociedades modernas han elevado a nivel de supremacía política.

Si el repertorio de rasgos culturales reales ya disponibles y usufructuables en esta dirección no resulta suficiente, puede completarse a partir de la simple invención, a la manera como Eric Hobsbwan nos muestra en el caso de las tradiciones inventadas por el nacionalismo decimonónico. El resultado de estos tratamientos de organización-invento del patrimonio cultural, para significar la nación, son los clichés apriorísticos, es decir aquellos estereotipos estandarizados a través de los cuales "los miembros de una colectividad o grupo social expresan unos valores, unas ideas y unas opiniones, ya sea sobre ellos mismos ya sea sobre los otros." Hablamos aquí también de lo que enfáticamente se conoce como memoria colectiva, sin nada que ver con lo que escribiera Halbwachs sobre ella. En el caso catalán, ya sabes los productos de esta creación y recreación de los símbolos de la patria, son: la senyera, Montserrat, els castellers, la sardana, la Flama del Canigó, etc.

A estos dos mecanismos -selección o/e invención de ciertos elementos culturales destinados a constituir la dimensión contingente de la identidad nacional-, hay que añadir otro, tan o más importante encare: el olvido. Toda política de producción de identidad requiere, en efecto, una institucionalización de la memoria, sin embargo, y sobre todo, al mismo tiempo una institucionalización no menos severa del olvido. Hablamos del escamoteamiento, la ocultación, el borrado de todos aquellos aspectos de la cultura real de una comunidad que pudieran resultar incompatibles o simplemente inconvenientes para los perfiles deseados para la Cultura, con mayúsculas, que cualquier nacionalismo hace objeto de una consideración casi religiosa y que es la unidad idensincrásica a la que los habitantes del territorio nacional tienen que amoldarse. Fundamental aquí lo que escribiera Renan en el texto que te mando, que es de 1882: "El olvido y, yo diría incluso, el error histórico son un factor esencial de la creación de una nación".

Catalunya ha sido escenario privilegiado de estos dispositivos que hacen posible la construcción artificial del pasado nacional y de la memoria colectiva, a partir de la apelación a un pretérito adaptado a las necesidades de los ideólogos de la identidad o, sencillamente, impostado. También lo es del papel fundamental que juega el olvido, la huida de los aspectos inadecuados o inútiles del pasado que son exiliados y pensados ​​como ajenos y aun como Imposición violenta de los "enemigos de la patria". Trabajé eso en la manera como se ha escamoteado, por ejemplo, la tradición taurina catalana.

La causa de este tipo de autofraude ha sido la ficción, abundantemente asumida por todos hoy por hoy, de que el "talante" de los catalanes, su idiosincrasia o personalidad nacionales existen por contraste a una supuesta identidad española. Es ese contraste –del que cada dos por tres tenemos nuevos ejemplos­-, el que acredita y brinda pruebas. No hace falta que te diga que el tipo de manipulación que te interesa –el de la negación del papel de la burguesía catalana en los abusos de la expansión imperialista española o europea– es un ejemplo.




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